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Artículos

  


"Un salto cuántico en la Historia"por Berta L. Revoin

 

La renuncia de Benedicto XVI y la asunción de Francisco Primero: De los signos del poder al poder de los signos.

concilioVATICANO, Marzo 2013. Cuando Juan XXIII concibió el Concilio Vaticano II, inauguró una nueva primavera en la Iglesia, dio lugar a un nuevo nacimiento, a un "cambio de época". Hay un antes y un después de ese Concilio. Como siempre que aparece una mirada diferente, se hizo posible registrar aspectos que antes no se percibían. 

Hoy, la humanidad está siendo testigo de otros acontecimientos de similares dimensiones. Otro "salto cuántico" como podrían denominarse estos hechos desde las nuevas ciencias que registran los procesos evolutivos. Por una parte el Papa Benedicto XVI deja sus funciones, proclama su auto dimisión y ello da lugar a la elección de un nuevo pontífice y a la convivencia de dos personas: él, -que sigue viviendo, aunque sin ejercer el rol papal-, y el nuevo pontífice elegido. Mucho se ha dicho de este acontecimiento, de su infrecuencia, de su legitimidad canónica, de sus posibles "causas" o motivos, valorados como positivos o negativos según cada comentarista. 

Pero es el otro aspecto, -no subrayado suficientemente-, el que encierra una importancia mayúscula. El hecho –por cierto "histórico"- de que, a partir de la renuncia de un papa, puede empezar a ponderarse más bien la "función" del Pontífice que la persona designada para ejercerla. El "papado" empieza a visualizarse más claramente, a partir de ahora, como una "función", encarnada temporalmente por una persona y no tanto o no sólo, como una tarea de una determinada persona. Es muy difícil darse cuenta de lo que ello significa. Tal vez se requieran muchos años para comprender cabalmente la diferencia. Así como está llevando mucho tiempo adquirir la nueva visión inaugurada por el concilio Vaticano II. Pero, de hecho, estamos en un "después" de Benedicto XVI. En el futuro podrá considerarse no tanto la peculiar característica personal de tal o cual papa. Podrá destacarse en cambio, tal o cual acción del Espíritu, tal o cual acción de Dios, durante tal o cual pontificado. 

La diferencia es sustantiva, porque las cualidades del pontífice no tendrán que ver solamente con sus antecedentes, ni con sus personales aptitudes para resolver problemas o dar respuestas de acuerdo a sus saberes previos, sino que tendrán que ver, fundamentalmente, con las capacidades -del pontífice, de los obispos y de todo el pueblo de Dios-, de provocar la Presencia de Dios en medio de ellos, reconocer Su deseo, encarnar Su Voluntad. Y todo ello ya no como virtud unipersonal de un hombre, sino como la Gracia de Dios prometida a quienes se reúnen en Su Nombre. 

papa renuncia

No se trata de una novedad absoluta es decir de algo que no estaba ocurriendo ya, de alguna manera. Pero nunca antes como hoy, la cristiandad podría prepararse para dejar de hablar de Cristo en tiempo pasado, como un ser que existió históricamente, que nos amó, que nos salvó... y empezar a advertir su "venida", como un suceso aconteciente. Empezar a sentir y a hablar de El como una amorosidad presente, como una energía inagotable que hace posible lo imposible, como una milagrosa presencia cotidiana. Nunca como ahora podrá empezar a anunciarse que es El quien conduce los destinos de la Iglesia y que es El, -su palabra de hoy, su Gracia actual, Su ardiente Deseo de Bien, de Verdad, de Belleza-, el servicio que la Iglesia puede ofrecer a la humanidad. 

Así parecen confirmarlo los primeros gestos de Francisco Primero. "Sin Cristo, afirmó, podríamos ser una ONG piadosa pero no la Iglesia". ¿Y cómo provocar esa presencia de Cristo?. Quiso llamarse Obispo de Roma para recuperar una eclesiología de la Colegialidad: de Pedro y los otros a quienes llamó "hermanos". Viajó con ellos en el mismo colectivo en lugar de viajar en la limusina papal. Colegialidad entre hermanos para provocar la presencia de Cristo. Al asomarse al balcón se inclinó hacia el pueblo allí reunido y le pidió su bendición.

francisco-bendecido

Antepuso la bendición del Pueblo de Dios al Obispo de Roma a la bendición del Obispo al Pueblo. "Yo soy un pecador pero confío en la misericordia y la paciencia de Dios, acepto", dijo al ser elegido. Reconocer a Cristo como la "riqueza" de la Iglesia, le permite a la vez confiarse y despojarse, como San Francisco, de los ornamentos de oro, zapatos rojos y demás signos de poder y recuperar con ello el poder de los signos, de los gestos. Los ojos del mundo entero, a través de la prensa y las redes sociales, no hacen más que asombrarse de estos pequeños gestos, absolutamente proféticos y esperanzadores. Hay un brillo en los ojos de las multitudes, hay una Buena Noticia para los Pobres, el Reino de los Cielos parece más cerca...

 

Nota: el autor es Lic. en Ciencias de la Educación. Docente de Filosofía Univ. de Buenos Aires. Su casa fue declarada Embajada de Paz . Entre sus publicaciones: Hacerlo Posible (SB); Resignación o cambio (C.N.); Liderazgo participativo (S.Pablo). El artículo fue publicado en http://lacomunidadpolitica.wordpress.com/2013/03/20/un-salto-cuantico-en-la-historia-por-berta-l-revoin/.

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